lunes, 25 de agosto de 2014

El viejo galerón de los Fósforos Campeón.... datos de dos buenos "recordadores"


10 h · Editado · 
LIONEL YINO SÁNCHEZ
"LI YIN SAN"
LAS MEMORIAS DE UN POETA.
Una lectura de nuestra Heredia que nadie puede perderse.
Un acontecimiento explosivo en el Aserradero de don José "Chepe" Gamboa Alvarado que estremeció hasta el último clavo de nuestra Parroquia...
Estimado Manrique Alvarez Rojas...le dejo el siguiente fragmento en su mural digital esperando sea de su agrado y del gusto de todas aquellas personas que visitan su elocuente mural digital que tanto me gusta. Sin mas preámbulos, le doy las gracias y le pongo el fragmento siguiente....
La fotografía que sirvió de inspiración a mi fragmento, pertenece a la colección personal de Manrique Álvarez Rojas.
Manrique publicó esta foto que hoy uso como cimiento de mi fragmento.
Esto es lo que Miguel Álvarez tan elocuente nos explica de la foto:
LOS TALLERES DE BARRIO FÁTIMA
Heredia, 1989.
Avenida 1, calle 4
Del antiguo restaurante "Pescafrito" 25 metros sur en la pura esquina o 100 metros oeste de la escuela Joaquín Lizano Gutiérrez, frente al costado oeste del Hotel Zeus.
En la foto se puede observar el antiguo galerón de madera del aserradero de don José "Chepe" Gamboa, local que luego alojó varios talleres; a media cuadra y sobre la misma avenida se observan la vieja casa de la familia Murillo (Hogar del gran futbolista Mario Murillo) y al final de esa misma acera el conocido taller de enderezado y pintura de Juan Zamora (Parroquia).
Colección personal.
Manrique Álvarez Rojas
22 de agosto del 2014
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A continuación os pongo mi composición o fragmento el cual esta inspirado en dicha fotografía: El Abandonado Aserradero de don José, “Chepe” Gamboa.
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La foto que acompaña este fragmento, pertenece a la Colección personal de Manrique Álvarez Rojas, de Costa Rica.
Manrique explica lo siguiente: En la foto se puede observar el antiguo galerón de madera del aserradero de don José "Chepe" Gamboa, local que luego alojó varios talleres.”
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Preámbulo al fragmento:
Ese desvencijado techo con sus latas de zinc teñidas de herrumbre y sarro, las telarañas y penumbras pululando en el ‘Abandonado Aserradero,’ el olor a moho y humedad, todo sirvió para que los leños del tiempo encendieran el fuego sagrado con que arde el seco matorral de mis garabatos...
Fragmento: La estrepitosa explosión de la caldera
Existen cantos que al llegar a los oídos del alma, se vuelven barcarolas. Hay dibujos, bosquejos, pinturas que al posar los ojos en ellos, dejan huellas de artemisa y de romero en la memoria.
Hay celajes interiores que al viajar por los ríos de la sangre dejan los latidos del corazón hechos un puchero de ternuras.
Hay vivencias que uno lleva muy dentro, dormidas; pero despiertan al sólo ver una casita en ruinas, o encontrarse ante un viejo camino de huellas humanas, o de terneros o de ovejas, y el momento se trueca en una postal inolvidable.
Ese momento se vuelve un tapete precioso que tiene la piel ahumada de recuerdos.
Al encontrar los pétalos secos de una flor escondida en un libro de poemas, las añoranzas brotan, y ante tal hallazgo hasta los huesos del alma se sienten calados de hondas evocaciones...
...Eleuterio, aquel hombre curtido de años, al contemplar la foto del “Abandonado Aserradero” de don “Chepe” Gamboa,” cerró sus párpados, y relampaguearon en su mente, los espejos astillados de recuerdos. Al viejo Eleuterio, el alma se le escapó encaramada en un papalote de añoranzas.
El que está ahora mirando la foto es un garufa frisando los diez años. Cuerpo espigado como el arco de flecha de un indio de Talamanca, pelo negro y ensortijado que a la menor ráfaga de viento se le agolpa en la frente como garfios de carnicería.
Este garufa era conocido en el arrabal como “Tepezcuinte” porque decían los parroquianos que ese “chicuelo era tan malo como la carne de tepezcuinte.”
Por la mente de Tepezcuinte desfila Cubujuquí: La Villa de su Infancia: La iglesia de la Inmaculada Concepción, recinto que él llamaba ‘Templo de las Gordas Torres,’ el Parque Central con una fuente donde el agua baña sus cabellos con sílabas olorosas a romero y retamas.
Tepezcuinte recuerda también el Cementerio Central donde la gente de plata coloca al lado de las tumbas ángeles que parecen rezar palabras quemadas. Cementerio donde los pobres también tienen sus tumbas con una cruz de palo y allí hasta el sácate crece con piel de salitre...
La mente de Tepezcuinte recorre las escuelas, sus largos pasillos y patios de recreo donde las golondrinas se meten sin pedir permiso y se ponen a jugar y se vuelven flechas aladas mientras por las ventanas de las aulas un corro de voces de niños cantan al unísono: “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y...”
Al viejo Eleuterio se le humedecen los ojos, pero Tepezcuinte sale en su ayuda y lo hace recordar el Aserradero y la Fosforera, conocida como la “Fábrica de Fósforos Campeón.” de don “Chepe” Gamboa.
Las pupilas de Tepezcuinte parpadean ante la foto, pues los postes de electricidad que él ve en la fotografía no existían en aquella época en que el “Aserradero" y la “Fábrica de Fósforos Campeón” funcionaban a todo dar.
A la mente de Tepezcuinte llega un vendaval de nuevos recuerdos. Con un gesto de la mano hace a un lado un par de gajos de pelo negro que le cuelgan sobre los ojos como garras o antifaces para que Tepezcuinte no vea el pasado, para que no se meta en ese mundo carcomido por los años... pero al tener la frente despejada, el garufa recuerda lo siguiente:
Aquel día, faltaba un cuarto para las diez y cuarto de la mañana cuando la caldera de la “Fosforera de don “Chepe” Gamboa” explotó y el bombazo pareció relampaguear en los cuatro puntos cardinales del planeta.
Por un lado, aquella explosión galopó con tal fuerza que la campana mayor del ‘Templo de las Gordas Torres,’ se soltó a cacarear como una gallina histérica.
Y mientras las campanillas menores reían como si estuvieran bebiendo agua de mirlos, el cura párroco, Alberto Mata Oreamuno, corrió a darle la extrema-unción al “Higuerón de la Puebla” quien al oír el porrazo se quedó sin hojas!
Por un lado, el ruido de la explosión se desbocó hacia el sur de la villa y al llegar al Mercado Central, todas la parejas de palomos y palomas, aquellas que estaban haciéndose el amor a aletazos y las otras cuyos arrullos rimaban con las rimas de Adolfo Becquer, todas, se salieron en loca algarabía rumbo a apaciguar la histérica campana mayor del Templo de las Gordas Torres.
Por otro lado, los cascos de la explosión galoparon hacia el norte, hacia la Montaña Las Tres Marías y dicen que la paz de la Meseta Central la llevaba el viento en camillas y la dejó votada allá por el “Paso del Chompipe.”
Por un lado aquel atronador ruido de metales corrió hacia el Este del pueblo y llegó hasta el Cuartel de la Villa en donde la guardia civil mañanera estaba por cambiar de turno. Al oír el cañonazo, los gendarmes que se paseaban con sus fusiles al hombro frente a la pesada puerta del Cuartel, creyeron era el filibustero William Walker invadiendo de nuevo a la patria, o un golpe de estado de los Tinoco. Los gendarmes se santiguaron y en la punta de sus fusiles brillaron como colmillos de chancho de monte sus bayonetas!
Por otro lado, la explosión de la caldera se escuchó en la ‘Cuesta del Ochomogo,’ como si el volcán Irazú se hubiera volado la tapa de los sesos. Y un viento erizado de escapularios cayó de rodillas rezándole avemarías a La Negrita, la Virgen Morena adorada por todo el pueblo. La Virgen que tiene su casita blanca en el Valle del Guarco.
Cuentan que la explosión de la caldera se oyó en el oeste allá donde los zopilotes de la Tenería del pueblo estaban por sentarse a la mesa a almorzar su plato de tripas en los más guapos árboles de los cafetales.
Sin embargo, a pesar de esa explosión y del relajo que se armó por todas partes, las cosas se calmaron. La campana mayor del Templo de las Gordas Torres, de tanto cacarear perdió su cuello de campana, se quedó muda... y todo volvió a la tranquilidad.
No hubo sangre ni heridos, no más el espeluznante susto que hizo que los gallinazos volaran en círculos buscando una mortandad y al no encontrarla, enlutados y afligidos cerraron sus varillas y en las copas de los árboles parecían trapos viejos colgando de las más altas ramas.
Tiempos después, la "Fosforera" dejó de funcionar cuando la maquinaria de hacer fósforos fue trasladada a un sitio lejos del centro de la población.
El edificio donde antes funcionó la Fosforera de don “Chepe” Gamboa, abrió sus puertas una escuela de taquigrafía llamada ‘Escuela Richard Nixon.’
El hombre curtido en años, al contemplar la foto, sonríe al recordar a Tepezcuinte y sus años en la escuela primaria Joaquín Lizano. Mozuelo al que le gustaba fisgonearlo todo, y ese chico, se puso terco en pedirle permiso al guarda de la Escuela Nixon para que lo dejara espiar qué hacían tantas muchachas en esa escuela.
El portero de la Escuela Nixon, un tal Jesús Guevara, apodado El Chuta, cansado de oír la cantinela de Tepezcuinte, lo dejó que fisgoneara el antiguo recinto.
El sonido del teclado de cientos de máquinas de escribir cundió por su oídos y le pareció como si estuviera metido en un bosque poblado de chicharras mecánicas…
El nombre de “Escuela Richard Nixon,” le sonaba mal a Tepezcuinte y el gurrumino le soltó la pregunta a Jesús Guevara, El Chuta: “Por qué teniendo tantos hombres eméritos mi patria y mi pueblo, escogieron el nombre de Richard Nixon, uno de los más cochinos presidentes que va a tener Los Estados Unidos?”
“Mira Tepezcuinte, a mí no me vengas a jorobarme la vida con tus profecías, te he dejado entrar a que mires el edificio que fue la Fosforera de don “Chepe” Gamboa, no a que critiques esta escuela y... no te pongas igualado conmigo, eh?”
Con ese reproche, Jesús Guevara El Chuta, le señaló la puerta de salida al mocosuelo.
El viejo Eleuterio se muerde el labio inferior y deja escapar un gruñido. Su mente regresa a lo que aconteció aquella mañana en que la caldera de la ‘Fosforera de don “Chepe” Gamboa’ explotó...
El niño dentro del hombre recuerda bien claro que él vio una cuadrilla de gallinazos volar en círculos sobre la “Fabrica de fósforos Campeón.” Y dichos zopilotes, descendieron cerrando sus paraguas en el techo del Aserradero y allí se quedaron espiando el lugar....
Cada zopilote caminaba sobre las latas de zinc, reculando, con pasos desandados como si los tacones de sus patas estuvieran cundidas de yuyos y de niguas.
Al no ver sangre derramada...ni tripas en ningún lugar, los gallinazos levantaron su sotanas negras hasta donde la espalda pierde su nombre, y litúrgicamente, descargaron el susto de sus tripas en aquel espacioso techo del Aserradero de don “Chepe” Gamboa.
Sintiéndose livianos, como aves peso pluma, la cuadrilla de zopilotes izaron vuelo en silencio con rumbo a ‘La Tenería’ la cual quedaba como a medio kilómetro al noroeste de la Fosforera y el Aserradero.
Tepezcuinte los vio alejarse hacia el Poniente, hacia aquel lejano paraje donde el sol hecho un toro de lidia haría sangrar los flancos del horizonte para festín de los gallinazos y del cortejo de enlutadas nubes.
Li Yin San
Copyright Official © Li Yin San
Madison, Wisconsin. USA
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  • Manrique Alvarez Rojas Don Lionel: Muchas gracias por sus valiosas palabras, creame que las estimo muchisímo. Sus conceptos me hacen un honor inmerecido y a la vez me apenan. Lo único que deseo es contar historias, cuentos de mi familia, de mis amigos; de todos. Porque los recuerdos de nuestro entorno son un baúl enorme de las memorias de muchos y que también son nuestras. Muchas gracias por leerme.
    2 h · Editado · Me gusta
  • Manrique Alvarez Rojas El Pilón de la Abuela:https://www.facebook.com/mobileprotection...
    EL PILÓN DE LA ABUELA   Toc, Toc, Toc.   -¡Sí! ¿Quién es?   -Don Ceferino es Joa...Ver más
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  • Lionel Yino Sanchez Manrique, !Ya lo encontre el Pilon de la Abuela! Gracias a ti lo encontre de nuevo! Ese fragmento tuyo habla en un lenguaje nada común.. El lenguaje de lo extraordinario ordinario, el lenguaje nondual con que hablaban nuestros primitivos antepasados, especialmente nuestra antiguas abuelas, mujeres sin recetas que sabian cocianarlo todo! Mujeres fuertes, sencillas como hechas con madera de guachipelin y roble amargo....mujeres sufridas pero con un alma de porcelana....mujeres que al llora o reír siempre fueron un sueno que levantaba pájaros hasta llenar el horizonte de arcoiriis.......Saludos mi noble amigo.
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  • Hogar Tico Bella foto la he disfrutado enormemente, solo que la casa que se ve no es la de la Familia Murillo, esa casa quedaba donde está el parqueo del I.C.E.frente a la escuela Joaquín Lizano.. Feliz tarde
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  • Flor Gamboa